Doña Catalina de los Ríos y Lisperguer y la construcción del monstruo Quintrala, R Sarabia

Tags: Mercedes Valdivieso, Alonso de Ribera, Pedro Lisperguer, Consejo de Indias, esclavos africanos, Sincretismo religioso, Francisco de Salcedo, Santiago de Chile, Jeffrey Jerome Cohen, Generation of Animals, Vasco de Almeida, fanatismo religioso, Malleus Maleficarum, Biblioteca Nacional de Chile, Guerra, Guadalupe Santa Cruz, Gilles de Rais, Magdalena Petit, Artemisa Gentileschi, Juan Camilo Lorca, La Quintrala
Content: ANALES DE LITERATURA CHILENA Aсo 1, Diciembre 2000, Nъmero 1, 35-52 DOСA CATALINA DE LOS RНOS Y LISPERGUER Y LA CONSTRUCCIУN DEL MONSTRUO QUINTRALA Rosa Sarabia University of Toronto Doсa Catalina de los Rнos y Lisperguer (1605-1665) cediу su condiciуn histуrica de mujer a la Quintrala, nombre que alude a su condiciуn de mito y por ende, a su textualizaciуn. Varios siglos de leyenda oral y un puсado de documentos sirvieron de base para la historiografнa y su ficcionalizaciуn. Las lнneas que siguen son una reflexiуn sobre el signo Quintrala y su construcciуn cultural como monstruo 1. Del mito textualizado me servirй solo del ejecutado por la letra impresa en la monografнa histуrica Los Lisperguer y La Quintrala (1877) y en la relaciуn "El ъltimo de los cuarenta asesinatos de Catalina de los Rнos" (1884)2 de Benjamнn Vicuсa Mackenna, y en las novelas: La Quintrala de Magdalena Petit (1932) y Maldita yo entre las mujeres (1991) de Mercedes Valdivieso. Se dice que doсa Catalina de los Rнos y Lisperguer, rica encomendera de La Ligua, torturaba y mataba, habiendo previamente seducido a sus vнctimas en el caso de ser hombres. Mбs de cuarenta son los asesinatos que se le adjudican, aunque solo se tenga documentaciуn de catorce muertes "conocidas y juzgadas," segъn Vicuсa Mackenna (136), nъmero que la coloca de inmediato en la serializaciуn obsesiva del homicida. Dice la criminologнa que cuando las mujeres matan lo hacen de modo diferente y que no lo hacen tan a menudo, en comparaciуn con los hombres, claro. Si por siglos el homicidio ha sido construido y percibido socialmente como una forma masculina de poder, la presencia de la asesina en serie, la que se obsesiona 1 Quisiera agradecer la generosa ayuda que sobre este tуpico me dieron la bibliotecaria Laura Soto-Barra, el colega Richard Young y Juan Camilo Lorca, de referencias crнticas de la Biblioteca Nacional de Chile. 2 Este escrito ha sido reeditado por la Editorial Universitaria en 1987 como segunda parte de El primer y el ъltimo crimen de la Quintrala.
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con la muerte y la que aquн me interesa, es por lo tanto, considerada antinatural y doblemente amenazante 3. Si bien pareciera haber una relaciуn proporcional directa entre mayor "liberaciуn," mayor crimen, o sea que con la demoliciуn del papel tradicional de la mujer se ha llevado a cabo "una masculinizaciуn de la conducta femenina," tambiйn lo es el hecho de que las grandes criminales (numйricamente hablando) pertenecen al pasado. Existe un paradigma en el que la mayorнa de las asesinas usan el veneno como mйtodo mбs comъn; se circunscriben en el espacio domйstico para llevar a cabo sus prбcticas, y sus vнctimas suelen ser parientes cercanos, amigos, sirvientes, con un nъmero mayor entre aquellos que no tienen poder como los niсos, viejos y enfermos. El caso de doсa Catalina de los Rнos y Lisperguer estб fuera y dentro del paradigma descrito, como asн tambiйn el de la condesa de Bathory de fines de siglo XVI en la Transilvania hъngara, a quien la leyenda y la ficciуn tambiйn le trastocaron el nombre por el de la Alimaсa de Cestzje o el de Drбcula-mujer por su aficiуn a los baсos de sangre de sus vнctimas, que sumaron 650 y todas ellas jуvenes y vнrgenes, superando con creces a Gilles de Rais, quien fue a la horca en 1440 por el asesinato de 140 niсos y jovencitos4. Las puras coincidencias producen retratos parecidos de estas dos mujeres: ambas portadoras de un status social privilegiado que les permitiу no solo ejercer sus crнmenes dentro de una impunidad inusual y durante un largo perнodo sino haber resultado exentas de castigo, a pesar de procesos y sentencias contra ellas. Ambas bellas y jуvenes, sin colas de pez, sin alas, sin sierpes que les sirvan de cabellera. De una crueldad y pasiуn desmedidas ya instaladas en sendas prosapias familiares; ambas ejercieron la tortura como mйtodo y los instrumentos favoritos fueron: el lбtigo, las agujas, el cerote hirviendo. Mбs sofisticada la europea que la criolla chilena, aquйlla poseнa "la Virgen de hierro", la autуmata del abrazo mortal y una "jaula" tapizada en su interior por cuchillos. Ambas mujeres, casadas y madres, aparecen auxiliadas de una tercera, semejante a aquella que en el cuadro de Artemisa Gentileschi, Judit y Holofernes (1620-30) ocupa un segundo plano. A raнz del oficio de estas colaboradoras, a ambas asesinas, la hъngara y la chilena, se las envistiу de apodos tales como "bruja" y "demonio." La carnalidad desmedida o el apetito desordenado subyacen en los deleites ilнcitos como lo estipula el Malleus Maleficarum del siglo XV, segъn el cual toda brujerнa procede de la lascivia, que en la mujer es insaciable y que solo los demonios podrнan colmar dicha lujuria.
3 Sobre el homicida en serie ver el trabajo de Richard Tithecott. Respecto a las mujeres asesinas en serie o en masa, ver los estudios de Kerry Segrave y de Mary S. Hartman. 4 Raymond McNally en su estudio Dracula Was a Woman, analiza los elementos que se encuentran en la historia de la condesa y cуmo fueron tamizados en la creaciуn del personaje Drбcula por Stoker a fines del XIX.
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Durante el siglo XIX, a la condesa se la celebra, enfatizando los elementos de la morosidad y el fetiche, en el cuento "Agua de Juvencia" (1800) de Leopold von Sacher-Masoch. En 1963, se transforma en protagonista de una novela gуtica, La comtesse sanglante, de la francesa Valentine Penrose y dos aсos mбs tarde, la poeta argentina Alejandra Pizarnik traduce a йsta y mutila su texto en 66 pбginas de prosa poйtica, glosa y ensayo. Su tнtulo es tambiйn traducciуn: La condesa sangrienta. Tanto para Penrose como para Pizarnik, se trata de una estйtica de la muerte dentro del contexto de una belleza afнn a la crueldad de un teatro artaudiano y surrealista. Cortбzar, seducido tambiйn por la siniestra figura, la incluyу en 62: Modelo para armar. Parafraseando a Hayden White5, el material histуrico sobre estas dos mujeres tiene tanto de ficciуn como la ficciуn sobre ellas tiene de representaciуn histуrica, ya que parte del discurso histуrico es una forma de elaboraciуn ideolуgica, lo que Roland Barthes precisa como "elaboraciуn imaginaria". El cuerpo discursivo que gira alrededor de las asesinas proviene tanto de la oralidad en la que se forma la leyenda como de documentos escritos de la йpoca: testamentos, procesos judiciales, cartas, y mбs recientemente: ensayos, escasas historiografнas y un puсado de ficciones. A pesar de estar ya definiendo gйneros y por lo tanto modos de lectura, el contrato entre texto y lector que cada uno de ellos impone se ve viciado, en parte, por el material complejo con el que se trabaja. A modo de ejemplo, cito a Vicuсa Mackenna quien define en su preбmbulo el discurso del que se servirб, analogando la vida de su personaje con la historia de un perнodo, y la leyenda con la verdad: "Nosotros, sin embargo, no vamos a estudiar ni a contar la vida de aquella aristocrбtica raza, mitad alemana y mitad india, a la luz de los blasones, sino de la filosofнa social e histуrica que sus cruzamientos domйsticos y su influencia polнtica marca, porque la leyenda de esa familia es la vida verdadera de la colonia y de su siglo" (5), y hacia el final nos dice respecto al testamento de doсa Catalina de los Rнos y Lisperguer: "... constituye uno de los mбs preciosos documentos de la vida нntima de la colonia"6.
5 Ver Tropics of Discourse Essays in cultural criticism, 22. El mismo autor en el capнtulo 2 de The Content of the Form contrasta las diferentes teorнas de la historia sobre la cuestiуn del discurso narrativo. 6 Si bien el discurso histуrico de Vicuсa Mackenna estб empapado de la ideologнa positivista y determinista de la segunda mitad del siglo XIX, es importante seсalar que a la manera del romanticismo historiogrбfico ­el Facundo de Sarmiento es un buen ejemplo­ la biografнa de un personaje solнa asumir los rasgos de toda una йpoca. Susana Zanetti en su prуlogo a Facundo. Civilizaciуn y barbarie, apunta que el hombre representativo, individualidad viva y concreta, y a la vez tнpica, es exponente del modo de operar de las tensiones sociales y de los vнnculos entre el espacio y el pueblo de una cultura y una naciуn especнfica.
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La Quintrala, ese cuerpo de mujer convertido en texto mestizo de discurso legendario e histуrico, ha estado sujeta a constante reconstrucciуn y cambio a travйs de los siglos. De este mito me interesan los ideologemas que constituyen una teorнa del monstruo, aquйllos en los que se la presenta como un otro desmesurado, que amenaza con la diferencia fнsica o moral y transgrede, delinquiendo, el aparato social a partir de un paradigma establecido como normal o natural. En este sentido, en la Quintrala se cumple una doble desnaturalizaciуn de acuerdo con la ideologнa de la йpoca colonial y por extensiуn, de los siglos posteriores. Por un lado, y de acuerdo con los postulados aristotйlicos, la hembra es una desviaciуn del tipo genйrico, visto йste como masculino y perteneciente a la ley de lo semejante, aun cuando sea un desvнo necesario de la norma (llбmese naturaleza) o en otras palabras "una deformidad ъtil" que hace a la continuaciуn de la raza de las criaturas. Por otro, esa "masculinizaciуn" de la violencia en manos de una mujer, a la que hice referencia mбs arriba, crea una "falsa semejanza" tanto respecto a la especie de los hombres como a la de las mujeres. Lo monstruoso aparece, segъn Aristуteles, en esta disimilitud, que a diferencia de la hembra, es gratuito e inъtil para futuras generaciones7. Consecuentemente, la Quintrala no es lo que debiera ser, significa otra cosa de lo que muestra, su monstruosidad es doblemente engaсosa. Existen dos etimologнas del latнn posibles para el monstruo: mostrare pero tambiйn monere que es poner en aviso, advertir8. En este sentido, a la Quintrala se la puede leer como un signo hнbrido, aunque perturbante, que incorpora tanto lo que estб dentro de la sociedad chilena del siglo XVII, o sea, su propio origen, como lo que estб mбs allб, donde yace lo distinto/distante, el desborde, la voluptй segъn Bataille. En sus raptos de ira y violencia, en sus crнmenes sin precedentes en la historia del Reino de Chile, y por extensiуn a toda la colonia, en su libido excesiva, este monstruo amenaza con alterar el orden de las cosas y su solo nombre se liga a aquello prohibido: el parricidio, el incesto, el adulterio, la tortura y el homicidio. La carga destructiva que el monstruo conlleva es en realidad una desconstrucciуn de las relaciones sociales, culturales e histуrico-literarias que lo generan. Su amenaza es la revelaciуn de la diferencia, de la disparidad, de la feminizaciуn del "otro" (de ahн su ser "antinatural") que se origina en procesos y categorizaciones en crisis, en la formaciуn de una nueva composiciуn йtnica, polнtica y social que es el Reino de Chile en los 1600. Su cuerpo, el de la Quintrala, es pura cultura. Como constructo y proyecciуn, el monstruo solo existe para ser leнdo9. La Quintrala nos "muestra" una genealogнa, a la que Vicuсa Mackenna
7 Estas ideas se hallan en el Libro IV de Generation of Animals. 8 Sobre la etimologнa ver la Introducciуn de Marie-Hйlиne Huet, Monstruos Imagination, 6. 9 Estas ideas sobre el monstruo estбn tomadas de Jeffrey Jerome Cohen en su Introducciуn a Monster Theory: Reading Culture, 4.
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denomina como de "extraсa raza, generatriz de la nuestra, que produjo a la vez hйroes y monstruos, бngeles y harpнas"(3). Tambiйn ella nos "advierte" sobre las prбcticas de la colonia y de una conquista todavнa inconclusa. No hay duda de que el texto de Vicuсa Mackenna es fundante en tanto y en cuanto le da autoridad escrita a los elementos de la trasmisiуn oral y legendaria y se convierte en referencia casi obligada de las recreaciones literarias y ensayнsticas a posteriori. Su estudio pertenece sin duda a una historiografнa decimonуnica cuya objetividad, bien seсala Barthes, va mano a mano con el "realismo" de la novela coetбnea a ella. Para el francйs, en la historia "objetiva", lo "real" no es mбs que un significado sin formular, resguardado detrбs de un aparente y todopoderoso referente, mбs bien se trata, aclara, de un "efecto de lo real"10. Dentro de este marco, Gabriela Mora, quien a su vez cita a Feliъ Cruz, atribuye a Vicuсa Mackenna una "imaginaciуn desordenada", siendo el fundador del "romance folletinesco" (62). En realidad, son dos discursos que se complementan: una "historia social, estrictamente verdadera y conforme a documentos fehacientes" (86) que pretende Vicuсa Mackenna y aquella "tradiciуn autorizada" (27), a veces, "tradiciуn del vulgo", otras, los cuales le sirven para llenar, deformando, los huecos de una historia incompleta. Pero lo que me interesa aquн no es tanto la veracidad de los hechos en Vicuсa Mackenna, a la que mбs tarde harй referencia, sino el discurso obsesivo e hiperbуlico que produce la recreaciуn del monstruo Quintrala. Rechazo y atracciуn suele ser simultбnea respuesta al monstruo, por ser representaciуn de lo prohibido y por la fuerza erуtica y sexual que mana de su cuerpo. Para esto me basta un par de ejemplos del historiador chileno y cito entre las tantas descripciones sobre la Quintrala: "... un velo de horror y de indulgencia ha ido cubriendo su memoria entre las generaciones que de una manera u otra llevaban en sus venas el calor voluptuoso de su sangre..." (88) y "... su naturaleza criolla, ardiente, voluptuosa y feroz desbordaba de su pecho y de sus labios como de una copa de fuego libada de hirviente licor" (90). De esta historia novelada surgen dos relecturas de la Quintrala, entre una decena de ellas,11 dos ficciones separadas por un lapso de casi 60 aсos, dos agendas ideolуgicas que responden tanto a una reconstrucciуn ficticia del pasado como a una interpretaciуn del presente de las escritoras Petit y Valdivieso. Vicuсa Mackenna es intertexto histуrico que abre y cierra la ficciуn de Petit, quien trata a la Quintrala a luz del psicoanбlisis y a travйs de una voz narrativa de
10 Ver su "The Discourse of History", en Comparative Criticism: A Year book. 11 De 1996 es la ъltima reelaboraciуn de la Quintrala, segъn los datos que me son accesibles. Se trata de una obra de teatro en dos actos de Miriam Balboa Echeverrнa, Doсa Catalina. Buenos Aires: Feminaria, 1996.
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cargadas tintas de moralidad cristiana 12. El positivismo histуrico de Vicuсa Mackenna se transforma en un modelo de "histeria" freudiana que diagnostica tanto el desorden sexual como la inestabilidad emocional13. Y con la histeria se suman otras anomalнas: una parбlisis infantil y convulsiones epilйpticas. Si la histeria es la dramatizaciуn del cuerpo, la narrativa se vuelve abundante diбlogo. Un diбlogo que une risa y llanto, gritos y susurros, un melodrama de pasiones exuberantes. Material idуneo, sin duda, para dramatizaciones, guiones de radio y telenovelas como los que se han realizado. Interesante, por otro lado, son las cubiertas de las distintas ediciones de la novela como parte dEl Sistema semiуtico que configura al monstruo en permanente actualizaciуn. A modo de ejemplo, elijo la ediciуn de 1955 cuya tapa presenta una composiciуn altamente dramбtica: la Quintrala, toda de rojo, quien ocupa un segundo plano pero dominando prбcticamente todo el espacio izquierdo y central, infiere latigazo a su vнctima, un indio quien, en primer plano inferior derecho, yace arrodillado y atado por su cintura y brazos a una cruz formada por un бrbol y un leсo atravesado. La fuerza del poder de la Quintrala no estб tanto en su rostro, extraviado y perverso, sino en el gesto corporal del que se prepara para desatar con su arma ­lбtigo que tambiйn es alambre de pъas y cuyo recorrido estб envuelto en llamas­ una crueldad extrema. La sumisiуn del indio, vнctima crucificada, es tambiйn el Cristo de la Agonнa, es la otra pasiуn14. Por la leyenda y por Petit debemos intuir la escena que precede: la del sexo. Eros y Tбnatos convergen en esa suerte de muerte figurada que es el deseo sexual pero que en su exceso y desborde, la psiquis necesita de la
12 Las citas y referencias son de la ediciуn vigesimosexta de la novela de Petit. De la "Biblioteca de escritores chilenos", serie bajo la cual solнa publicar Zig-Zag dicha novela, ha sido reemplazada por la "Biblioteca Juvenil". Cambio que sin duda obedece a la recomendaciуn del Ministerio de Educaciуn como texto escolar. En este sentido, el apoyo oficial estarнa asegurando la continuidad del mito a partir de la historiografнa decimonуnica y de la ficcionalizaciуn de Petit. Para un estudio comparativo entre el texto de Vicuсa Mackenna y el de Petit, ver el trabajo de Marjorie Agosin. 13 Coincido con Bernardita Llanos en el modelo de la "histйrica/sбdico-masoquista" que construye Petit (1029). Interesante, por otro lado, el artнculo "La Quintrala" de Isabel Allende aparecido en Paula en 1971. Dentro de los parбmetros de la novela de Petit y muy lejos de una revisiуn femenina sobre el pasado, resume sobre la Quintrala: "Su vida fue un folletнn sadomasoquista adornado con extravнos sexuales y profundas perturbaciones nerviosas"(94). 14 La anйcdota que el "vulgo" recuerda sobre el Cristo de la Agonнa, conocido tambiйn como el Seсor de Mayo, segъn versiуn de Vicuсa Mackenna (101), y repetida por Petit (136) y Valdivieso (138), es que siendo de suyo la figura labrada del Cristo, un dнa la Quintrala lo mandу sacar de su casa por haberle puesto aquйl mala cara, a lo que йsta respondiу: "Yo no quiero en mi casa hombres que me pongan mala cara. ЎAfuera!".
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muerte visible, elemental y grosera ­parafraseo aquн a Alejandra Pizarnik en su La condesa sangrienta (28)15. Intacta a travйs de la tradiciуn oral y escrita permanece La Belleza de la Quintrala. Y junto al paradigma de la histйrica se suma en La Quintrala el de la "femme fatale" finisecular, aquйlla que segъn Erika Bornay invierte los papeles tradicionales: o sea, sometimiento del hombre a la mujer que es todo demonio, perversa e impura. Esta encarna el miedo de aquйl ante la apariciуn en la sociedad de la nueva mujer. Es la vampiresa que devora literal y metafуricamente con su corpulenta sexualidad. Es la Cleopatra de Thйophile Gautier (1845), la Salomй (1891) de Oscar Wilde, la Venus de las pieles (1881) de von Sacher-Masoch, es la Marlene Dietrich en The Devil is a Woman (1935) pelнcula dirigida por von Sternberg, es la retratada por Dante Gabriel Rossetti, Edvard Munch, Gustav Klimt, Gustave Moreau16. La descripciуn de la Quintrala y la construcciуn de mujer fatal coinciden: cabellera pelirroja de ojos verdes atigrados, "cuyo aspecto fнsico", dice Bornay, encarna "todos los vicios, todas las voluptuosidades y todas las seducciones" (115). Afнn a esta construcciуn es la que presenta Petit a travйs de los ojos del sacerdote, en un mismo acto de repulsiуn y atracciуn, observa al monstruo y piensa: "su fama de belleza era, en verdad, merecida: belleza extraсa, casi monstruosa en sus contrastes. Algo mefistofйlico en la combinaciуn de las facciones: la barbilla en punta, las cejas oblicuas; luego la llamarada de la cabellera colorina sobre la tez cobriza y el reflejo verde de los ojos..." (79)17.
15 Es significativo el final que le da Pizarnik a su texto. Habiendo realizado una prosa poйtica exhibicionista y ajena a todo juicio, termina diciendo: "Como Sade en sus escritos, como Gilles de Rais en sus crнmenes, la condesa Bбthory alcanzу, mбs allб de todo lнmite, el ъltimo fondo del desenfreno. Ella es una prueba mбs de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible (65-66). 16 Erika Bornay analiza los orнgenes de la mujer fatal en Lilith, la primera mujer, quien casada con Adбn, se rebelу contra йl. Tradiciуn asirio-babilуnica que pasу a la judнa: Lilith es devoradora de hombres, seduce y ataca en el abandono del sueсo. Diablesa con cola de sierpe. 17 Me permito aquн una intromisiуn. A raнz de este trabajo me encontrй con la desagradable sorpresa cuando leн la novela Acuarela sangrienta (La Quintrala) de Josй M. Mнnguez, publicada en 1995 por una editorial catalana, por resultar un mero plagio de La Quintrala de Petit. Se trata de una transcripciуn lнnea por lнnea y casi idйntica de la novela escrita en 1932. En los tiempos que corren, en los que se habla de intertextualidad, pastiche, reciclaje y prйstamos como rasgos de la postmodernidad, etc. el plagio aparece como un anacronismo insultante e inadmisible. Su autor dice haber escrito "el modesto trabajo" como agradecimiento a la hospitalidad recibida en su estancia en Chile, 1968-1972, donde pudo recoger materiales para dar una "nueva versiуn a una de las vetas trбgicas de su tradiciуn literaria" (contratapa).
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La Quintrala de Petit es lineal, y cumpliendo con el ciclo de vida del personaje cierra la narraciуn con la elaboraciуn legendaria de la Quintrala en las puertas del infierno: "...colgando del cabello, pende el cuerpo de una mujer. El pelo rojizo de pronto se enciende; sus llamas se propagan extensamente y llenan las grutas, que se ensancha devorada por el fuego"(146). El mismo final punitivo le dedica Vicuсa Mackenna en su crуnica (166) y si bien Valdivieso vuelve a usar la imagen infernal (138), "dicen que la Quintrala penу en vida como despuйs penarнa de muerta, colgando de un cabello sobre las llamas del infierno", delega la voz a una tercera impersonal de cuyo relato hay que desconfiar. El proyecto de Valdivieso pareciera ser una respuesta contestataria a los proyectos de Petit y Vicuсa Mackenna, la misoginia de йstos se convierte en una posiciуn feminista de aquйlla, acorde a las propuestas reivindicatorias de los aсos 1970 y 1980 que incluyen: la recuperaciуn matrilineal de la historia personal y cultural; una polнtica de la sexualidad a partir de una revisiуn y crнtica a las teorнas psicoanalistas; una relectura de las mujeres en las leyendas y los mitos clбsicos; una revaloraciуn de las prбcticas alternativas de la cultura, llevadas a cabo durante siglos por mujeres; en definitiva, volver a leer la historia a contrapelo. Valdivieso le saca al signo Quintrala la "doble deformidad" ­de mujer y de monstruo­ cancelando asн la "falsa semejanza" respecto a la especie masculina segъn los postulados aristotйlicos. Y para eso construye un linaje matriarcal que crea una especie que se ve autуnoma, semejante a sн misma, con sus propios ritos y creencias18. El final de la novela da cuenta de esto, en una especie de бrbol genealуgico cuyas ramas funden tiempos y razas: Esa soy, padre, hija de Llanka Curiqueo que es hija de Elvira de Talagante que es hija de Agueda Flores que es hija de Catalina que es mi madre, que soy yo. Todas hijas de Dios, Catalina, creadoras de linaje. La confesiуn. Me confieso, padre. La Catalina de Valdivieso ­el apodo "Quintrala" apenas sн se usa­ confiesa (aunque no busca absoluciуn ni se arrepiente) sus experiencias de joven hasta el
18 El trabajo de Lucнa Guerra sobre esta novela toma en cuenta la genealogнa femenina como recuperaciуn del cuerpo materno, entre otros aspectos.
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momento en que va a contraer enlace con Alonso de Campofrнo y Carvajal, corte significativo y final de la novela en el lugar preciso en que la chilena se inserta en la instituciуn legal del matrimonio. Dos son los crнmenes que la novela destaca y desarrolla: el parricidio y el de don Enrique Enrнquez, caballero de Malta, ambos asistidos por la Tatamai, ama india que sirve y ha servido a varias generaciones de las mujeres de la Casa. Estos crнmenes quedan justificados en el relato porque suponen una transgresiуn a la autoridad masculina de poder. Respecto al padre, bien anota Gabriela Mora existen "sutiles indicios que siembra la novela para apuntar como causa un fenуmeno que sуlo en nuestros dнas ha emergido en el discurso pъblico: la persecuciуn incestuosa paternal" (65). La muerte del caballero que abre la narraciуn y vuelve para cerrarla, obedece a la venganza. Catalina se venga de la muerte a traiciуn de Segundo, su medio hermano, bastardo y mestizo, y de ella misma, quien ha sido burlada por el amante noble. En cambio, los juicios y procesos, la tortura, los crнmenes, la palabra de la leyenda y la historia aparecen en cuatro apartados que comienzan con "Dicen que", tercera persona que a pesar de su distancia no logra poseer fiabilidad y objetividad por contrapeso a la seducciуn que ofrece la primera, la de Catalina, quien domina el resto de la narraciуn. Su mundo es uno fundamentalmente femenino y la magia y la brujerнa cobran una significaciуn positiva que contrabalancean las creencias oficiales de las instituciones coloniales. Apropiбndose de la enunciaciуn del relato, cuenta con desparpajo de mujer liberada que es, sus atrevimientos, su plena sexualidad. La rebeldнa y la voluntad de hacer de su cuerpo mestizo su destino es lo que celebra el discurso crнtico-acadйmico generado por Maldita yo entre las mujeres 19. De las prбcticas de la colonia que el signo Quintrala nos advierte y muestra, paso a enumerar aquellas que han colaborado en la construcciуn del monstruo. El mestizaje. En doсa Catalina de los Rнos y Lisperguer se cruzaron tres razas: la espaсola, la alemana y la india. Su bisabuela materna fue la cacica doсa Elvira de Talagante quien en convivencia con el bбvaro Bartolomй Flores ­"Blumen"
19 Algunos de estos artнculos son: Josй Alberto De la Fuente, "La narrativa de Mercedes Valdivieso: de La Brecha a la Tatamai"; Guadalupe Santa Cruz, prуlogo para la ediciуn traducida al italiano de Maldita yo entre las mujeres; Bernardita Llanos "Tradiciуn e historia en la narrativa femenina en Chile: Petit y Valdivieso frente a la Quintrala"; Norberto Flores, "La Quintrala: The Rejection of History as a Patriarchal Legitimizing Discourse in Mercedes Valdivieso's Maldita yo entre las mujeres"; Marcela Rubilar-Lagos, "Maldita yo entre las mujeres. El mestizaje como elemento transgresor"; Olga Lуpez Cotнn, "Maldita yo entre las mujeres de Mercedes Valdivieso: Una arqueologнa del diabolismo femenino"; Gabriela Mora, "Discurso histуrico y discurso novelesco a propуsito de La Quintrala"; Lucнa Guerra, "Maldita yo entre las mujeres de Mercedes Valdivieso: Resemantizaciуn de la Quintrala, figura del mal y del exceso para la "chilenidad" apolнnea".
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de apellido original y soldado de Pedro de Valdivia­ naciу Agueda Flores quien a su vez se casarнa con otro sajуn: Pedro Lisperguer. Si bien para Vicuсa Mackenna la violencia de la Quintrala se ve determinada, vнa materna, por los genes йtnicos: "... a trueque de satisfacer el apetito dominante de su naturaleza de india: la crueldad" (120), en cambio, evita leerla racialmente cuando nos relata que del lado paterno, de estirpe espaсola homogйnea, su abuela Marнa de Encнo "se libertу de su coyunda [Gonzalo de los Rнos] por medio del asesinato tan atroz como aleve...matу a su marido estando durmiendo una siesta, echбndole azogue en los oнdos"(70)20. Similar lectura tendenciosa y de omisiуn es la que realiza el historiador cuando nos cuenta sobre las prбcticas mбgicas de la madre y la tнa de la Quintrala y cito "...atribuнase a aquellas extraсas mujeres, no sуlo por el crйdulo vulgo, sino por la timorata y supersticiosa sociedad en cuyo seno vivнan como malditas, ciertas confabulaciones sobrenaturales en que figuraban encantos, brujos, duendes aposentados en su morada, y hasta pactos con el diablo...", para inmediatamente darnos la posibilidad de que, entre otras razones, todo aquello pudiera bien deberse a que "sus afinidades нntimas y cercanas con la raza indнgena de que procedнan, las arrastrase a aquellas prбcticas cabalнsticas en que, segъn los ritos araucanos del presente dнa, intervienen Pillбn, que es el diablo, y sus machis, que son los curanderos de daсos, desfacedores de encantos y otras supercherнas idolбtricas" (66-67). En este caso, el pecado de omisiуn pudo reciйn completarse un siglo mбs tarde con la crуnica de sor Imelda Cano Roldбn, quien nos informa que la ya mentada Marнa de Encнo ingresу a la cбrcel en 1579 por orden del Santo Oficio, "denunciada por creer en brujerнas, justificar el perjurio e igualmente los abortos artificiales para evitar el escбndalo segъn ella decнa; impedir el matrimonio de los indнgenas, azotar y obligar a йstos a trabajar en dнas festivos, comer carne en dнas de abstinencia y, por ъltimo, por bigamia" (424)21. Si la cuestiуn de mixtiуn de sangre se ve negativa y determinante de la monstruosidad-Quintrala en la lectura historiogrбfica, la ficciуn de Valdivieso invierte el peso de la balanza y el mestizaje ocupa en la voz de Catalina narradora, el eslabуn decisivo en la construcciуn de la identidad chilena junto al bastardaje y las prбcticas religiosas de la cultura mapuche. Valdivieso, a travйs de
20 Siendo este el primer crimen familiar, Gabriela Mora ve en esta omisiуn voluntaria "el peso ideolуgico racista del historiador" (63). De hecho, Vicuсa Mackenna habla de la "estirpe genuina de Espaсa" (79) para sus abuelos paternos y aunque menciona la "obra horrible de su abuela doсa Marнa de Encнo" (80) insiste en la influencia de la madre de doсa Catalina ­de origen dos veces alemбn y uno indio­ quien "le habнa enseсado bien su infame oficio" (80). 21 La cronista Cano Roldбn agrega que el marido ­quien luego serнa su vнctima fatal­ no observу tampoco una conducta intachable. Para un detalle del proceso inquisitorial ver las pбginas 451-452 del citado estudio.
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Catalina, su personaje, dice: "Bastardaje y mestizaje nos hicieron, y de esta mezcla para adelante seguimos. La historia de lo que somos enmadeja sangre y guerra y la subo a su principio para que esta confesiуn se entienda. Nunca virreyes y seсorones empolvados nos gobernaron en este extremo... La Tatamai tiene en su memoria la quema de sembrados que los espaсoles hacнan para escarmentar a los nativos... La guerra contra los mapuches nunca daba tregua y las venganzas por lado y lado se afilaban con el tormento. Los toquis cautivos se faenaban en lugares pъblicos y quedaba para el final, su cabeza alto en una pica. Es la manera, dicen, de enderezar el reino" (37-38). Catalina es una conciencia confesante capaz de articular un discurso altamente reflexivo sobre su condiciуn de mujer y ser mestiza. Discurso que, aunque acompaсado por la irracionalidad y el deseo desordenado, que tambiйn le son propios, crea, sin duda, un anacronismo de йpoca. La voz narrativa de Petit otorga una cualidad de belleza exуtica al elemento mestizo de la Quintrala, dejando todo juicio suspendido (suspensiуn de puntos sobre la lнnea) aunque sugerido, respecto a la conducta connotada que trae dicha mezcla y cito: "la llamarada de la cabellera colorina sobre la tez cobriza y el reflejo verde de los ojos... Los antepasados germanos y el cacique indio habнan logrado mezclar curiosamente sus dones. En cuanto a lo moral..." (54) (los puntos suspensivos son del texto). El amancebamiento y la barraganнa. Sonia Montecino aclara que ambas "dan cuenta de una conformaciуn peculiar de vнnculos entre los sexos que propiciу la gestaciуn de un horizonte de mestizos, presos en la tensiуn de una sociedad inйdita, que utilizу... las categorнas discursivas europeas de definiciуn social, pero... viviу y practicу un nuevo orden de relaciones" (48). Por otro lado, agrega la antropуloga, son una forma frecuente de vida marital para las indias y mestizas, prбctica paralela a los matrimonios legнtimos, y a veces en el interior de ellos (46). Y no solo para las mestizas, las huincas tambiйn, la abuela paterna ya mencionada, Marнa de Encнo, fue una de las favoritas de Don Pedro de Valdivia, conquistador que cuando debiу elegir a su esposa, traspasу sus mancebas a sus mejores hombres. Vicuсa Mackenna, por su parte, documenta con el testamento del primer Flores (Blumen) que su enlace con doсa Elvira no fue legнtimo, a pesar de que cronistas de la conquista asegurasen que "el aventurero alemбn hizo de la princesa chilena su legнtima consorte" (18). Segъn el historiador chileno, el primer crimen domйstico en casa de los Rнos y Lisperguer fue llevado a cabo por doсa Catalina Lisperguer y Flores, madre de doсa Catalina (la Quintrala), quien "matу con azotes a una hija de su marido, y asimismo matу un indio a quien pidiу las yerbas con que quiso envenenar el agua de la tinaja de que bebнa el gobernador" (71). Tres instancias aquн resumidas: a) la convivencia bajo un mismo techo de hijos de diferentes uniones ­cabe seсalar que segъn Vicuсa Mackenna el propio Gonzalo de los Rнos tenнa una media hermana, hija de Marнa de Encнo (71), dato no corroborado por sor Imelda Cano Roldбn; b) la relaciуn estrecha de la clase
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alta con prбcticas medicinales indнgenas, y c) la disponibilidad de aquйlla para con el destino de los indios. En la reelaboraciуn de Valdivieso esta prбctica de concubinato estб нntimamente ligada a la del bastardaje o huachaje ya que define la constituciуn del mestizo. Dos personajes masculinos, Juan Pacheco y Segundo a Secas, primo y medio hermano respectivamente de Catalina, tienen madre india. Las relaciones de naturaleza incestuosa de Catalina con ellos refuerzan la genealogнa mestiza de los tres y crean un frente de poder contra la autoridad superior. El bastardaje en su esencia mestiza se ve feminizado. Ambos jуvenes, el primo y el medio hermano, son vнctimas de persecuciуn, traiciуn y discriminaciуn. Su subalteridad los iguala a la condiciуn marginalizada de la mujer (Guerra 61). Es mбs, Valdivieso abre la posibilidad de que la propia Catalina sea bastarda, producto de los amorнos adъlteros de su madre y razуn por la cual su padre la rechazara a ella y no a su hermana (48-49). Si fuera йsta la lectura, el parricidio quedarнa cancelado. La encomienda. Fue la base de la riqueza de los Lisperguer, de cuna ilustre, y de los Rнos, simples plebeyos. La fortuna se inicia precisamente con el mestizaje. La cacica de Talagante fue heredera de pueblos y tierras que uniу a los predios de Bartolomй Flores (Blumen), dбdiva con la que el conquistador Valdivia premiaba las hazaсas de sus soldados (Vicuсa Mackenna 19-21). Igual suerte corrieron los abuelos paternos de doсa Catalina, los de los Rнos y Encнo, siendo don Gonzalo de los Rнos, padre de la susodicha, "uno de los feudatarios mбs ricos de la colonia, dueсo de los mejores valles de Chile, de mar a cordillera..." (Vicuсa Mackenna 68). Como encomendera, doсa Catalina de los Rнos y Lisperguer era sumamente poderosa y se cree que se ocupaba personalmente del manejo de sus tierras en La Ligua (Vicuсa Mackenna 115). Sin embargo, su fama de cruel y criminal no era excepciуn a su condiciуn social. Sor Imelda Cano Roldбn, en su capнtulo V, subtitulado "Moralidad," anota documentaciуn de procesos judiciales que atestiguan el abuso fнsico constante que los esclavos negros y los indios adosados a la tierra, sufrнan a manos de sus amos y amas. El poder domйstico de las seсoras espaсolas como el de las encomenderas criollas durante la colonia necesariamente las situaba en un espacio privilegiado respecto a sus sъbditos. Y en este sentido, se tratarнa de abuso y crimen domйstico. Leamos, por ejemplo, un pasaje de Francisco Nъсez de Pineda y Bascuсбn, a quien le ha confiado el cacique Aremchu, criado entre espaсoles, lo siguiente: "La mujer de mi amo era muy andariega y cudiciosa, y de ordinario tenнa sus tratos y conchabos... fue el haber conchabado una china de muy buen parecer... por ser de otra encomienda...Llevуla a su casa, adonde dio principio de tratarla con mбs rigor que si fuese esclava, porque todos los dнas la desollaba a azotes y la pringaba hasta las partes vergonzosas, teniйndola presa y en un cepo; encerrada en su prisiуn, adonde... muriу la desdichada como un perro, y dentro de la propia prisiуn y aposento la enterrу. Esto yo lo vi porque la seсora, fiбndose de mн, me llamу para hacer el hoyo y enterrarla, como lo hice..." (citado en Cecilia Salinas 27).
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Sincretismo religioso. El fanatismo religioso del catolicismo monolнtico conviviу con las religiones dualistas de los indнgenas y de los esclavos africanos. La Inquisiciуn fue instituciуn reguladora para proteger a la fe catуlica del contacto con dichas religiones22. Las ironнas abundan en los relatos de la йpoca y pareciera ser que la familia de los Rнos y Lisperguer reunнa en su seno las mбs extremas y paradуjicas situaciones, ejemplo de esto es el caso de don Pedro Lisperguer, el bisabuelo, nombrado juez de hechicerнas fue tambiйn el padre de quienes aсos mбs tarde fueron acusadas de brujas por querer envenenar al gobernador, Alonso de Ribera. Imbuido en la cosmovisiуn de la йpoca y elaborando un discurso que hoy podrнamos tachar de fantбstico, el obispo Francisco de Salcedo refiere dicho episodio al Consejo de Indias: "Tuvieron a las hijas de doсa Agueda de Flores en esta repъblica por encantadoras, como se experimentу por un duende que en su casa alborotу toda esta tierra con quien decнan tenнan pacto" (Cano Roldбn 440). Valdivieso, quien propone un "mundo al revйs", invierte los signos y privilegia las prбcticas alternativas de la religiуn mapuche y hace que la machi Tatamai resuma el choque que la conquista produjo en las creencias ancestrales junto con una reflexiуn de conciencia femenina a la vez: "...`aprender que a Dios-Genechйn, los cristianos le cortaron la mitad de su entero, su mitad hembra, y lo dejaron a tamaсo hombre como ellos. De ahн la igualdad que nos quitaron, y en esa diferencia andan todas las mujeres, tambiйn las blancas. Que nos las trampeen, mis niсas, con su Divino y sus leyes, hijos de mujeres son los hombres y de eso no pueden zafarse' "(41). No obstante, Catalina finaliza aceptando las leyes de ese divino ser y se casarб segъn los reglamentos de la santa iglesia catуlica. Corte final que ya he descrito como singular ya que deja fuera lo que la leyenda y la historiografнa cuentan como su peor йpoca; casada y establecida en La Ligua, la Quintrala cometiу sus mayores crнmenes hacia sus sirvientes y esclavos, acompaсados de tortura y castigos diversos. Vicuсa Mackenna describe a la Quintrala: "profundamente devota, [que] habrнa llegado hasta el sacrilegio" (89), haciendo alusiуn a la presencia fнsica de la imagen del Cristo de la agonнa en sus sesiones de tortura. La Quintrala es la contracara necesaria del marianismo. Existe porque tambiйn existe una Virgen del Carmen de La Tirana, otro sнmbolo/signo de mestizaje chileno y poseedora de una violencia positiva. La Virgen opera, a modo de mito fundacional, bien lo seсala Sonia Montecino (73-78), como ejemplo de conversiуn
22 Sobre la Inquisiciуn y sus procesadas ver el trabajo de sor Imelda Cano Roldбn, pp. 448457. Segъn la cronista, la primera persona en la que intervino la Inquisiciуn fue mujer, Francisca de Vega, en 1559 (449).
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por vнa del amor, engendrando una nueva entidad a partir de una transgresiуn originaria, la de la uniуn de la india Huillac Сusta y el espaсol Vasco de Almeida 23. El mensaje final de la novela de Petit explicita esta polarizaciуn de la imagen femenina y opta por una resoluciуn moral y de normativa catуlica: "El fuego va menguando, se estampan las formas, y en la penumbra las palabras del exorcismo suben tenues, misteriosas, en las volutas sonoras del humo: Que salga el mal y entre el bien, Como entrу la Virgen En la santa casa de Jerusalйn..." (159). La educaciуn. Incipiente aъn en este siglo XVII, solo las mujeres de clase alta tenнan acceso a la instrucciуn que por entonces estaba a cargo de las agustinas. De doсa Catalina de los Rнos y Lisperguer se dice que no sabнa leer ni escribir, ni siquiera una firma que autentice su existencia24. Vicuсa Mackenna, desde la уptica positivista y heredero del lema sarmientino, analiza la barbarie de la chilena por su falta de educaciуn, llamбndola "desnaturalizada" (113) y comparбndola a la imagen clбsica de "tierra sin cultivo"(76). La falta de escritura, agrega el historiador, la desplaza a la sombra de la ignorancia y "sin mбs ancla para guardar su pureza que el aterrador presentimiento del infierno" (76). Pero, de acuerdo con este ideologema no hay escapatoria posible, ya que segъn seсala este historiador en aquellos tiempos: "Juzgaban los rancios castellanos que la escritura, ъtil en el hombre, se trocaba en arte del diablo cuando la usaba la madre, la esposa, la virgen". La paradoja no se resuelve y Vicuсa Mackenna no parece darse cuenta de la obliteraciуn que una clбusula produce en la otra, aсadiendo un par de grados al proceso de desnaturalizaciуn que el monstruo implica La venalidad jurнdica y social. Gracias a la repetida acciуn mediadora del oнdor de Lima, Blas de Torres Altamirano, cuсado de doсa Catalina, y del presidente Meneses (1664), aquйlla resultу absuelta de los procesos que se le hicieron. Hecha la ley, hecha La trampa. Tanto la ley como la praxis social pertenecнan a уrdenes distintos y la existencia de la primera no suponнa necesariamente la vigencia de la
23 En 1942 y dentro de la lнnea ideolуgica vertida en las pбginas de Vicuсa Mackenna, Aurelio Dнaz Meza reconstruyу en un breve artнculo la historia de Doсa Catalina de los Rнos a partir de su estancia en La Ligua, ya casada y en posesiуn y explotaciуn de sus tierras. La apoda "La Tirana de La Ligua", tal vez para distinguirla de la "la bella Tirana del Tamarugal," quien a pesar de su fama temible logrу destino de madre virtual de los mestizos chileno, segъn Montecino. 24 Olga Grau en un muy interesante trabajo dice que la letra de fundaciуn del dominio es de sangre. El lбtigo de la Quintrala es instrumento de escritura.
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segunda. La laxitud y relajamiento de las costumbres de la sociedad colonial permitнan que muchos de los excesos quedaran impunes. Tanto hombres como mujeres eran procesados por la Inquisiciуn y por lo tanto, tambiйn eran exceptuados cuando se hacнa uso del poder social y del dinero. La siguiente reflexiуn de Vicuсa Mackenna sobre el status social de las mujeres Rнos y Lisperguer se lee asн: "Pero lo que mбs sorprende y casi aterra en la historia domйstica de esta sociedad lъgubre, fanбtica y profundamente venal, es que, gracias al oro de la familia voluntariosa y cruel, todas las acusadas encuentren, despuйs de sus procesos y persecuciones, ventajosos enlaces que realzan su influencia y levantan la insolencia de sus atentados (85). Sin embargo, otra es la venalidad ­ideolуgica se podrнa decir­ con la que el propio historiador Vicuсa Mackenna maneja la informaciуn sobre los juicios y procesos contra doсa Catalina de los Rнos. Por un lado, el historiador insiste en la entereza de don Gonzalo de los Rнos y Lisperguer, padre de doсa Catalina, en su condiciуn de "rico y respetado patricio que habнa sido honrado en tres ocasiones con el supremo honor en el mando polнtico de la ciudad..." (79), omitiendo que fue preso con grillos junto a su mujer, su cuсado y suegra por asesinatos de indios y otros crнmenes bajo la gobernaciуn de Alonso de Ribera y por "diversos delitos" en tiempos del primer gobierno de don Alonso de Sotomayor, segъn lo constata sor Imelda Cano Roldбn en su crуnica reciente (442-43). їAcaso su absoluciуn no se debiу tambiйn a su posiciуn social y polнtica? Por consiguiente, el texto de Vicuсa Mackenna distorsiona los hechos y la monstruosidad de la Quintrala y la de las fйminas de su linaje se absolutizan en tanto y en cuanto la imagen del hijo, marido y padre ­don Gonzalo de los Rнos­ queda sin tacha. Ya se ha comentado el lugar de privilegio que ocupa en la narraciуn de Valdivieso la cuestiуn de gйnero e identidad, en cambio, prбcticamente se halla ausente el privilegio propio de clase a la que pertenece Catalina ­aunque hay referencias cuando se trata de los personajes masculinos. Sin duda, Valdivieso, al elegir trabajar con una parcela del signo Quintrala que mбs se ajustaba a su agenda, dejу fuera lo que todavнa sigue siendo atribuible al monstruo. Dentro de la compleja composiciуn del signo Quintrala, toda la crнtica sobre Maldita yo entre las mujeres coincide en celebrar su libertad sexual, la transgresiуn al orden patriarcal y su independencia como mujer por ser obvia elecciуn de Valdivieso en su reconstrucciуn reivindicatoria. Sin embargo, la cuestiуn de clase sufre un ocultamiento/oclusiуn ­como quien cierra los ojos­ de un asunto de suma importancia en la construcciуn del signo Quintrala. Muchos de estos estudios no sуlo analizan la obra a la luz de enfoques feministas sino que incluyen los aportes de la antropologнa, la etnologнa, el revisionismo histуrico, la sociologнa y la ideologнa. Es decir, se salen de la ficciуn en sн para analizar los constructos e ideologemas alrededor del cual se ha construido al monstruo porque se sabe que la ficciуn como toda expresiуn de la cultura es elocuente tanto en lo dicho como en lo no dicho. De ahн la inquietud que me produce
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ver ausente una reflexiуn que aluda al impacto de la autoridad del poder de una mujer encomendera sobre sus sъbditos. їCуmo entender que siendo mujer y mestiza haya subyugado a las de su gйnero y raza? їQuй privilegios gozaba esta mujer cuyos procesos de homicidio terminaban conmutados en multas o retiros, siendo que otras mujeres de la йpoca eran condenadas por la Inquisiciуn por delitos mucho menores? Si la violencia es liberadora cuando se trata de enfrentar la represiуn, la autoridad dйspota ­que no deja de ser otro tipo de violencia­25, їcуmo se la justifica cuando se convierte en serie y viene acompaсada de tortura y por aсadidura, es mujer el agente de la misma? їQuй se debe creer y quй no en las historias que de la Quintrala se han elaborado? Muchas serнan las respuestas posibles y sin embargo, imposible nos serнa rescatar a doсa Catalina, ya que solo trabajamos con una metбfora, un signo que a lo largo de tres siglos se ha ido resemantizando, amputando, diseccionando, pervirtiendo, a expensas de apropiaciones ideolуgicas diversas. El monstruo siempre vuelve para preguntarnos cуmo percibimos el mundo, para pedirnos que revaluemos nuestros presupuestos culturales, nuestras percepciones sobre la diferencia, en ъltima instancia, nos pregunta por quй lo hemos creado.
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25 Cito una frase significativa del artнculo de Bernardita Llanos sobre el texto de Valdivieso: "Su discurso literario en los aсos noventa articula el resurgimiento de la lucha feminista y del movimiento de mujeres en Chile durante la dictadura, contra toda forma de autoritarismo polнtico y sexual" (1027). Me pregunto si la Quintrala es el mejor ejemplo dentro del imaginario femenino para articular esta posiciуn contestataria.
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RESUMEN / ABSTRACT Esta es una reflexiуn sobre el signo Quintrala y su construcciуn cultural como monstruo. Para este anбlisis se han incluido las lecturas de Los Lisperguer y la Quintrala (1877) de Benjamнn Vicuсa Mackenna, La Quintrala (1932) de Magdalena Petit y Maldita yo entre las mujeres (1991) de Mercedes Valdivieso. Este estudio se centra en los ideologemas que se hallan en los textos seleccionados y el modo en que йstos colaboran o se resisten a la reelaboraciуn de la Quintrala, mito legendario de la colonia chilena. "DOСA CATALINA DE LOS RНOS Y LISPERGUER AND THE CONSTRUCTION OF THE MONSTER QUINTRALA" This essay is a reflection on `la Quintrala' as a sign and a cultural construction as monster. The analysis includes the reading of Benjamнn Vicuсa Mackenna's Los Lisperguer y la Quintrala (1877), Magdalena Petit's La Quintrala (1932), and Mercedes Valdivieso's Maldita yo entre las mujeres (1991). The essay is centered in the ideologemes found in the selected texts and in the manner in which they participate or resist a recycling of `la Quintrala', a mythical figure of the colonial period in Chile.

R Sarabia

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Title: ANALES.P65
Author: R Sarabia
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Published: Sun Sep 9 09:40:02 2007
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